Al establecerse el nuevo gobierno posrevolucionario en México, resurge la búsqueda de las raíces de un pasado culto que sustentará la identidad nacional e impulsará la práctica de la arqueología proveedora constante de símbolos. En 1928 se trabajó en casi todo el territorio nacional registrándose mil 200 sitios arqueológicos, tal como lo consigna José Reygadas Vértiz en el primer catálogo de monumentos prehispánicos del país bajo el título Estado actual de los principales edificios arqueológicos de México, trabajo que se presentó como Contribución de México al XXIII Congreso de Americanistas.(4) En 1939 nació el INAH como una respuesta a la necesidad de controlar el patrimonio arqueológico que aumentaba en cada nuevo registro estadístico del territorio nacional.

En 1944 la inquietud sobre Tlatelolco tomó un sentido realmente académico, descartando el descubrimiento fortuito u obligado para llenar exposiciones. El estadounidense Robert H. Barlow propuso un proyecto de investigación interdisciplinario en los terrenos frente al atrio de la iglesia de Santiago, idea que aceptó el entonces director el INAH, Ignacio Marquina y Pablo Martínez del Río. Para ese año no quedaba recuerdo del esplendor prehispánico de Tlatelolco, el antiguo señorío mexica donde se amparó el indígena derrotado por la conquista y donde se escribieran importantísimas obras sobre el mundo prehispánico durante el esplendor del Imperial Colegio de la Santa Cruz, con autores como los frailes Andrés de Olmos, Juan de Torquemada y Juan Badiano. En el barrio de Santiago, en 1544, fray Bernardino de Sahagún terminó su magna obra.

 

Equipo de trabajo en 1944, Antonieta Espejo, Robert H. Barlow y otros.

Martínez del Río comentó cómo se desarrolló el proyecto arqueológico en el espacio comprendido frente a la iglesia de Santiago y al Norte del muro de la cárcel militar: El solar yace entre los patios del cuartel y las vías del ferrocarril. En la parte Occidental del solar, y muy cerca de la iglesia, una marcada elevación del terreno que calificamos inmediatamente de “montículo” y que se nos antojó debía corresponder al famoso templo mayor de Tlatelolco. Las excavaciones comenzaron el 12 de abril [1944] y no tardamos en darnos cuenta de que no andábamos tan descaminados en nuestras conjeturas. El día 12 de mayo nuestra incansable compañera, la señora Espejo había logrado localizar un peldaño de la monumental escalinata del gran edificio pagano.(5)

El trabajo arqueológico se desarrolló con bastantes carencias y dificultades, mismas que la arqueóloga mexicana Antonieta Espejo reportó en su diario de campo, publicado en la serie Tlatelolco a través de los tiempos. La estrategia de los miembros del proyecto fue abrir una serie de pozos de Oriente a Poniente en el solar frente a la iglesia de Santiago, de los que se llevó un rígido control estratigráfico.

Los trabajos de Espejo, Barlow y Martínez del Río desembocaron en el descubrimiento de dos escalinatas, una en la fachada principal de la Etapa II del Templo Mayor de Tlatelolco, y otra inmediatamente sobrepuesta, correspondiente a la tercera etapa del mismo templo, del lado del adoratorio de Huitzilopochtli, a las que denominaron “A” y “B”, respectivamente. La parte correspondiente a toda la franja Sur del Templo Mayor, incluyendo su alfarda y remate superior, quedaban dentro de la prisión, dada la presencia de sus muro Norte al que denominaron “Muro A-B”. Para 1944 los descubrimientos sobresalientes fueron las escalinatas pertenecientes a diferentes sobreposiciones del Templo Mayor y parte de la estructura de “Tlatelolco I”.

Por otro lado, se localizó un cráneo en los escalones de la Etapa II y tres cráneos más en la escalinata “B”, correspondiente a la Etapa III. Para el 23 de mayo de 1944, Barlow encontró en el pozo estratigráfico III, el primer entierro con ofrenda. Además, en el interior del mismo pozo estratigráfico se halló el primer osario en una fosa cavada en tezontle que fue sellada con piedras del mismo tezontle “después de haberse depositado en ella una gran cantidad de huesos. De este osario recuperamos restos humanos que ocuparon 36 bolsas de papel. Es la mayor cantidad de osamentas que hemos descubierto en un solo lugar”.(6)

El 7 de junio de 1944, dentro del mismo pozo III encontraron una olla de barro café de 25cm de alto y 20cm de diámetro, con dos asas cilíndricas y con fondo ligeramente plano.(7) El 15 de junio de ese mismo año, Eduardo Noguera visitó las exploraciones de Tlatelolco y sugirió a los responsables que visitaran la zona arqueológica de Tenayuca y constataran la enorme similitud que guardaban las estructuras del Templo Mayor, correspondientes al segundo momento de edificación. Gracias a esta sugerencia, se pudo explorar hacia el Norte, localizando la alfarda que limita la fachada principal. Al conseguir ingresar a los patios de la prisión se pudo liberar la esquina Suroeste de la misma Etapa 11 del Templo Mayor.

En 1945, Antonieta Espejo mencionó que para limpiar el terreno de exploración tuvieron que remover 300 monolitos de entre dos y cuatro toneladas cada uno. El equipo de trabajo abrió el primer Museo de Sitio con algunas esculturas recuperadas en excavaciones realizadas años atrás, como un fragmento de chac mool y una cabeza de tigre estilizada; también agregaron algunas piezas de cerámica, exponiéndolas al público visitante en una de las bodegas del proyecto.(8)

También en 1945, la iglesia de Santiago se reincorporó al culto católico, y Antonieta Espejo publicó Las ofrendas halladas en Tlatelolco, en donde hace una excelente descripción contextual de cinco ofrendas, las cuales contenían cuchillos, cuentas, objetos de madera y en una se localizó el cráneo de un individuo decapitado.

Además, refiere la presencia de una ofrenda en la escalinata de la Etapa IV, muy similar a las anteriores, con la presencia de un cráneo humano.(9) Ponciano Salazar explica que a finales de 1945 se localizó la esquina Suroeste de la Etapa II del Templo Mayor, en el interior de la prisión militar.(10)

En 1946 se unió al equipo de trabajo James B. Griffin, con quien Antonieta Espejo inició el estudio tipológico del material cerámico. EI 21 de mayo de 1946 localizaron un entierro a 7.50 m de profundidad de la cota "O", apareciendo los huesos calcinados y una urna de barro con decoración "negro y blanco sobre rojo bruñido" (una copa pulquera sumamente estilizada en la que localizaron restos de copal).(11)

Toda la información contenida en este apartado está basada en la publicación de Salvador Guilliem Arroyo "Ofrendas a Ehécatl-Quetzalcóatl en México-Tlatelolco" (México, INAH, Colección Científica, Núm. 400, 1999)

4) José Reygadas Vértiz et al., Estado actual de los principales edificios arqueológicos de México, México, SEP/Dirección de Arqueología, 1928.

5) Pablo Martínez del Río, “Las exploraciones recientes en Santiago Tlatelolco y los orígenes de la ciudad de México” en Revista IFAL, México, 1945, p. 176.

6) Antonieta Espejo, “El plano más antiguo de Tlatelolco”, en Tlatelolco a través de los tiempos..., op. cit., vol. II, p. 11.

7) Ibid., p. 14.

8) Ibid., vol. III, p. 16.

9) Ibid., vol. V, pp. 15.29.

10) Ponciano Salazar, "Exploraciones arqueológicas en Santiago Tlatelolco", en Tlatelolco a través de los tiempos…, op. cit., vol. VI, pp. 7-15

11) Antonieta Espejo, "Exploraciones arqueológicas en Santiago Tlatelolco". en Tlatelolco a través de los tiempos…, op. cit., vol. VII. p. 25 

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